22 octubre 2006

Cervezas Tibias


No se para qué acepté verla, supongo que porque es domingo y no tengo nada mejor que hacer. Las películas en la TV son malísimas y los amigos están sumidos en rituales futboleros que no logro entender.
Apuro el vaso de cerveza mientras se me escapan los ojos al escote de ella, del otro lado de la pringosa mesa.
Tampoco se porque me llamó, supongo que porque es domingo y no tiene nada mejor que hacer. Aunque alguien con ese escote, debería tener algo mejor que hacer, sin duda.
Estoy hipnotizado por la braza de mi cigarrillo.
Habla y habla, no se de qué, algo sobre su trabajo, sobre lo que alguien le dijo, pero me es imposible escucharla.
Me sirvo lo que resta en la botella y hago un nuevo intento por mirarla a los ojos pero no puedo. Asumo que sabe que le miro las tetas, y es que en sus ojos no hay nada que ver.
Intento descifrar en qué trabajaba, pero nunca logro prestar atención a lo que me dice.
Su celular suena con una melodía de moda, atiende y habla sobreactuando los ademanes y aturdiendo a todos en el bar.
Compromiso ineludible, su amiga se separó de su novio y necesita verla urgentemente (necesita urgentemente que alguien le diga que todo fue culpa de él, que ella es maravillosa y pronto encontrará a alguien mejor).
Me cuenta la vida completa de su amiga, yo no la conozco, no me interesa saber que estudia periodismo.
La bragueta me susurra cosas irrepetibles y pido otra cerveza aclarándole al mozo que espero que ésta no esté tibia.
No se porqué me llamó ni tampoco porqué vine. Ver esas tetas no justifican lo que me costarán las cervezas.
Prendo el octavo cigarrillo y me pierdo en los dibujos que me regala el humo mientras ella se pierde en la vida del novio de su amiga.
Le pregunto si no se le hace tarde, en realidad solo quiero que se suba a un taxi y desaparezca, ella y sus tetas. No se para qué acepté verla.
Se va, como otras veces me quedo un poco mas en el bar, ya pedí otra cerveza y no voy a desperdiciarla.
Me da un beso en el lugar equivocado mientras me dice lo bueno que soy escuchando y cómo espera que pronto nos veamos de nuevo.
Me pregunto si en verdad lo cree o es absolutamente tonta. Yo nunca fui bueno escuchando. Hace mucho que dejó de interesarme lo que dice la gente y menos lo que dice ella.
Apuro otro vaso entre nubes de humo y la veo cruzar la calle y perderse entre la gente.
Me siento una puta verbal, ella se va satisfecha, yo me quedo vacío, esperando qué otra cosa me deparará este domingo.

Dr. CroW

Anonymous Anónimo:

los domingos son para deprimirse, para nada mas

10:18  
Blogger Dr. CroW:

Los domingos son para levantarse un poco tarde, en silencio, y verla dormir.
Para escucharla suspirar y desear formar parte de ese sueño.
Llevarle el desayuno a la cama, o sentarse en una plaza a tomar mate y dejar que te cuente de cuando no estabas ahí.
Los domingos son propiedad del otoño, sin importar en que mes ocurran.

10:25  
Blogger Lulet:

Ok. Definitivamente has subido un puesto en mi top ten de escritores favoritos.
Este cuento me partió el bocho, querido.

Me imaginé todo, Crow. Absolutamente todo y me metí debajo de la piel del que contaba la historia. Y hasta escuché la voz de ella hablando por teléfono...

Muy bueno, che.

Besotes.

11:11  
Blogger Dr. CroW:

Pones mi ego escritoril (si tal cosa existe) por las nubes.
Segui con estos comentarios y me voy a matarte los mosquitos en persona jajajaja

11:21  
Blogger Lulet:

JAJAJAJAJJA!!!

Dejá de amenasar que ya me debés un chori con chimi!!!

12:05